Cura de granadinismo

7 05 2008

//www.carmalagaairport.com/images/malaga-culture/malaga-picasso-museum-1.jpg” porque contiene errores. Si convenimos con Pío Baroja en que enfermedades localistas como el carlismo se curan leyendo, o que el nacionalismo se cura viajando, cabe preguntarse ¿cómo se curará entonces el granadinismo victimista que asola estas tierras? Unos días de viaje por otros lares me han dado alguna clave.
Aunque sea comparando, diré que escuché en la vecina Málaga esta frase de boca de un gestor cultural muy realista: “Málaga conseguirá la capitalidad cultural para 2016 –aunque lo tengamos difícil frente a Córdoba–”. Me quedé con la frase un rato en la mente. Imágenes y recuerdos dispersos pasaron por mi mente para confirmar esta sentencia. Recordé una Málaga de la que tomé conciencia allá por los ochenta. Era aún una ciudad marinera y turística, una ciudad de antiguos pescadores a rebufo de la grandeza capitalina de la Andalucía Oriental: nosotros teníamos la Universidad a la que ellos mandaban a sus hijos para formarse; teníamos la Audiencia Territorial donde venían a resolverse los pleitos malagueños en segunda instancia; teníamos, además, la Sierra adonde los malagueños se venían para ser esquiadores. Aquella ciudad costera era un enclave costero al que Granada miraba por encima del hombro desde la altura de su Alhambra eterna, de su arquitectura señorial y antigua, desde su baluarte de foco de vida cultural frente a una ciudad que, a lo más, tuvo impresores de revistas (Litoral) a los que hasta visitó por amistad nuestro tótem cultural, es decir, Federico García Lorca (que fue de veraneo, ojo, como cualquier granadino de los de entonces).
Málaga era ciudad de turistas, ingleses primero y más tarde alemanes, finlandeses o italianos. Cosmopolita, sí, por un puerto en el que se quedaron a vivir los comerciantes que recalaban allí con sus mercaderías (los Gross, Crooke y, si me apuran, hasta los Picasso) llegando hoy a 250 apellidos extranjeros el ‘gotha’ de familias con arraigo histórico en la ciudad del paraíso de Aleixandre.
Pues bien: en aquel paraíso costero y dormido se pusieron las pilas ya por los 90. El filón era darle producto cultural a una Costa del Sol que ya estaba sepultada en cemento y turismo barato tipo Torremolinos. Su Universidad que arrancó –curiosamente– con un rector granadino (Antonio Gallego Morell) tiene ya un campus que es casi una ciudad en si mismo; la FNAC, industria cultural donde las haya, después de abrir tienda en Marbella, ya tiene casi lista otra en la capital costasoleña (en tiempos se le llamó la ciudad con “mil tabernas y ninguna librería”); el CACMA ofrece exposiciones de arte contemporáneo de fuste, conectados como están con el circuito nacional e internacional de grandes centros de arte. El Museo Picasso –gallina de los huevos de oro (el cochambroso barrio de la Judería es, casi entero, el flamante barrio ocupado por el nombre del genio)–; Tita anuncia la apertura de su museo Thyssen en unos años; el puerto está en vías de convertirse en un Maremagnum lúdico-cultural-comercial que bien podría hacer sombra al de Barcelona; en fin, que si por las noches miras hacia Gibralfaro con la Alcazaba malagueña iluminada, la ilusión de estar viendo una ‘alhambrita’ frente al puerto te asalta con todo su placer estético y marinero.
Aquella Málaga a la sombra de un granado nos está adelantando por la derecha, es un hecho cultural evidente. Si se convierte en capital cultural, es porque se lo han currado ellos solitos. Por su voluntad política de competir entre administraciones por crear dotaciones culturales de categoría. Y Granada, incurable de siglos, varada como su Alhambra, siempre idéntica y en el mismo sitio.




Rectificar (botellones) es de sabios

30 04 2008

No sé si nuestro alcalde es dado a leer frases sabias. Supongo que como cualquier ciudadano presta oídos también a las voces que apelan al sentido común. Por eso esta rectificación a tiempo en la cuestión tan pediaguda de las Cruces hay que alabársela, porque no abunda entre el politiqueo al uso la capacidad de rectificar el rumbo y además hacerlo a tiempo.
De resultas de este golpe de timón, tendremos un puente de mayo con ‘Ley Seca’ en Granada. Quedan atrás aquellos tiempos en los que la ciudad quería promocionarse a los cuatro vientos como la capital de la libertad etílica del sur de Europa; queda ya en la memoria aquel basurero en el que se movía, en plena Plaza Nueva, la marabunta humana que tomó la ciudad copa en mano para rebozarse entre porquería y micciones por todas las esquinas; dejamos olvidadas aquellas batallas en las que el alcalde aún mantenía que aquello eran cuatro o cinco chavales con ganas de divertirse en libertad disparando el nivel de ingresos en los hospitales con comas etílicos de libro.
Se abre una nueva era: la de la diversión a la europea, es decir, que te puedes desparramar pero dentro de un orden. En Alemania (Munich por ejemplo) los bávaros se agarran unas cogorzas que dan susto pero, eso sí, sentados alrededor de una mesa en inmensas tabernas preparadas al efecto, con higiénicos servicios e insonorización perfecta.
Avanza Granada y su conciencia ciudadana. Y el alcalde al frente. Los que tenemos memoria de las Cruces originales (hablo de los años ochenta o noventa) sabemos que fue un tiempo en el que celebrar a lo grande, de cruz en cruz, el despertar de la naturaleza y de los sentidos que nos conectan al mundo. El letargo invernal nos dejaba adormecidos y, de repente, la ciudad se llenaba de color y algarabía. Lo de la cruz cristiana adornada de flores siempre fue una ironía, porque esa fiesta ni tiene carácter ni sentido cristiano tradicional. Es una celebración de las pasiones mundanas a las que invita la llegada de los calores, del recorte en la indumentaria y el comienzo de la alegría de los cuerpos exhibidos, ya más morenitos, a la luz de los ojos de todos.
La cosa había degenerado más todavía que los mismísimos programas de la prensa rosa-asquerosa que sufrimos. Tanto fue así que desde hace años huyo de la ciudad (como creo que harán muchos) cuando se acercan estas fechas. Pasear por las calles se había convertido en una suerte de excursión por una jungla en la que la amenaza de las tribus de zulúes había sido sustituida por los rebaños de borrachos (y borrachas, cuidado con el sexismo) que, a base de meterse calimocho, cubalibre en botella de dos litros y demás sustancias varias, te hacían temer por tu integridad moral y física. Y también te hacían perderte el paseíto por las cruces con los niños y los sobrinos.
Ya que las cosas se están arreglando, sólo quedaba que el alcalde se disculpase con Córdoba, porque desearle a cualquier ciudad un botellón como el que aquí hemos sufrido es como echarle el mal fario o hacer vudú interurbano. Córdoba –me alegro por ellos– no calló en la tentación de vender sus fiestas de Cruces y Patios como un reclamo para los borrachos de España entera. Ellos mantuvieron la cabeza en su sitio, los granadinos no. Porque si hubiéramos echado cuentas, seguro que se gastó la ciudad más en limpieza de lo que pudo ingresar por estancias en hoteles o gasto en los bares.
La vuelta a cierto orden, radical este año, dará paso seguro a tiempos mejores. Que lo celebren con un fino, con templaza sabia.




Caballo con bolas

24 04 2008

Hoy va la cosa de caballos pelotudos. Resulta que unos hacen para que los otros deshagan, a cuenta siempre del erario público, mientras que los demás nos quedamos mirando. Ni referéndum ni consulta popular ni nada. Todo lo hacen por pelotas (como las que lucen a los pies del boludo caballo). Y esto lo perpetran en una ciudad como esta, donde si tocas una sola piedra histórico-artística, hasta el frutero de la esquina de Almanjáyar se siente en la obligación cívica de vocear su opinión. Tremendo.

A nadie le sorprenderá que una estatua con tan árduo proceso de asimilación por ciudad tan remisa a los cambios de estética urbana vuelva a ser motivo de pelea entre políticos. Porque esta pelea, ojo, es una cuestión de política de salón, no de urgente actualidad ciudadana. A la ciudad bien poco que le importaba ya el caballito en bolas. Es lo que dan las mayorías absolutas: a los del PP les impusieron el caballo con bolas (con perdón) y ahora le quieren devolver la pelota a los de enfrente, pero por pelotas (con otro perdón). Son alardes políticos, de señores dado a sacarse espinas ‘conti’ que pueden.
¿A quién le importaba ya el tema? A alguien sí: al dueño de la casa donde está instalado. Me explico: el palacio consistorial es propiedad de usted, de mí y de todos los que pagamos tasas, impuestos, exacciones y multas. Pero hay quien detenta el poder de este modo, creyendo que la casa que utiliza en usufructo se puede gobernar como una propiedad privada. En mi casa mando yo, parece que es el único argumento de peso esgrimido para quitar el caballito del jinete ciego al que yo creo que a estas alturas de la película ya no lo quiere ni su propio padre, el artista Pérez-Villalta.
Podemos escribir artículos, gritar nuestras opiniones por las calles, manifestarnos a favor o en contra de la permanencia de la estatua. Pero, compréndanlo: aquí manda el que manda y los demás, así que pasen unos tres años, no tenemos derecho más que a contemplar cómo nos quitan el caballo, igual que ocho años atrás nos lo pusieron, sin más, a pesar de todo lo que se escribió y se gritó y se manifestó. Nada: el que manda, manda, y los demás a esperar a ejercer nuestra micra de poder de papeleta. Frustrante.
Después se quejarán de que su profesión está totalmente desprestigiada, de que se les acusa de que forman una clase aparte que vive del pueblo (de sus votos e impuestos) pero que gobierna sin el pueblo (¿sabrán acaso estos señores de traje formal lo que piensa el pueblo real, después de años sin vivir como ciudadanos normales? si lo supieran les daría el patatús).
Me ratifico en mi desconfianza hacia todo cargo público cuando observo estupideces de este calibre político-municipal (ahora te pongo un caballo porque yo mando/ahora te quito el caballo porque el que manda soy yo) . En esto sí que se puede generalizar, porque las honrosas excepciones (ese alcalde ideal que vive para los ciudadanos, que conecta con su sentir, que toma el pulso de la calle a diario, que se baja el sueldo para dar ejemplo de ahorro, que no cambia de casa ni de coche ni de esposa porque el poder no le ha cambiado), esas escasas salvedades a la norma, no son más que confirmaciones a una ley implacable: si quieres conocer a Pedrillo, dale un carguillo. Pasa con el aparcacoches-dictador que gobierna con mano férrea, a golpe de silbato, el parking del descampad: le pasa al regidor ahíto de poder y sobrado de tiempo para malgastarlo.
En Granada, la estética urbana es un tema comunitario. Si pusieron o ahora quitan al caballo, podrían habernos preguntado para ponerlo, para quitarlo o para dejarlo.




Presuntos y en la calle

16 04 2008

Vamos a imaginar que son inocentes y que no han robado nada de nada, que las fortunas que amasaron durante años de ocupar el poder en Marbella fueron producto de su esfuerzo y tesón en el trabajo, de su digna gestión al frente de los negocios que con el suelo y las moles de ladrillo se hicieron durante aquella década ominosa de Jesús Gil al frente del GIL en Gili-Marbella-Landia. Vamos a presumir que todo aquel lujo ostentoso que se gastaban sólo venía de sus sueldos de alcalde (Julián Muñoz) y de asesor de urbanismo del Ayuntamiento (Juan Antonio Roca). Vamos a hacernos, en fin, los tontos por un momento y pensemos que todo es, como ellos quieren presentarlo en su defensa, una gran conspiración urdida por mentes aviesas para quebrantar su fama y su patrimonio tan (según sus abogados defensores) honestamente ganados. Presumamos, presumamos pues.
Porque los ‘malayos’ ya están en la calle, como ciudadanos protegidos por la presunción de inocencia, tras haber pagado astronómicas fianzas que nadie sabe de dónde han salido. Porque un millón de euros (en el caso de Roca) no es tan fácil de reunir, y menos cuando ningún banco te lo fía. Preguntémonos de dónde viene ese dinero que ha reunido la familia y los amigos del antedicho que hace posible que este hombre ‘de bien’ esté de nuevo paseándose por esa cueva de Alí Babá y los cuarenta mangones que fue Marbella.
Además, Roca ya lo ha dejado claro: no piensa escaparse. Vamos a hacer como que le creemos. Y a Julián Muñoz también. Vamos a compadecernos de este último infeliz, un hombre (según él mismo quiere retratarse) estafado por su anterior amo (GIL), traicionado por sus fieles, vapuleado por la prensa (“enseña los dientes, que eso les jode”, que le decía su novia tonadillera en sus tiempos de efímera gloria), aborrecido por sus conocidos que ya no quieren que se les relacione con este pobre desgraciado que, si le creyéramos, no sería más que un pobre camarero que se metió en política creyéndose que así haría el bien a sus conciudadanos.
Después de este descomunal ejercicio de imaginación, vamos a intentar aplicar un poco el sentido común. Lo primero que hay que entender es que estos dos pájaros se han tirado dos años en chirona, un encierro que, en nuestro sistema jurídico, debe estar totalmente argumentado por la magnitud de los delitos que se les imputan. Los jueces (ya se ha visto con el caso de la jueza granadina condenada por dejar años a un inocente en la trena) tienen unos límites muy estrechos para aplicar la justicia. Así que, menos lobos, señores presuntos, que estas cosas son muy serias.
Ellos saben muy bien que ya les han caído varias sentencias. En el caso de Julián Muñoz ya se puede decir (sin temor a calumniarle) que es un chorizo, porque un juez lo ha condenado por quedarse con el dinero de los demás, que no sólo con el suyo, que ese sólo él sabe dónde lo tiene escondido.
Y algo hay que explicarles que parecen no alcanzar a entender: en ellos dos se concreta todo un tiempo que los españoles estamos dejando atrás, una época de especulación a lo grande y a lo pequeño, un tiempo de bolsas de basura llenas de billetes, de aguantar a estos nuevos ricos horteras en las televisiones paseando sus pobres vidas como si fueran ejemplo para alguien. Ojalá la justicia se ponga las pilas con ellos y nos permita, sentencia de por medio, quitarles el presuntos y poder llamarles lo que son, a la cara, a voces, o mejor, detrás de unas rejas donde paguen por tanto mal y tanta maldades.




Primavera cultural

9 04 2008

Apareció la primavera en las callesy con ella los festivales culturales que tanto dan y dejan en la ciudad. A los aficionados nos van a dejar exhaustos, pero se agradece el cansancio si es por ver buen cine, escuchar a los grandes de las letras o asistir a interesantes conciertos.
Si abril es para vivir, en Granada es también para morir(se). Acabó la Semana Santa (ya de por sí todo un espectáculo religioso-cultural que toma las avenidas) y nos encontramos con el Hay Festival que tantos ríos de tinta ha provocado. Acabó el domingo, y ya estamos preparándonos para asistir a las proyecciones del Festival de Nuevos Realizadores, una joya festivalera ya veterana que, sin demasiados medios, se ha convertido en referente de la creación emergente en los terrenos del séptimo arte. De subir y bajar a la Alhambra vamos a pasear –la tribu que recorre los actos de ‘la cul’ de lugar en lugar de proyección de los cortos que, esta vez con un enfoque más experimental, conseguirán que tengamos cine del bueno y del que no se suele ver por ningún lado.
Habrá que tomar complejos vitamínicos para lo que queda de mes y de primavera. Después llegará la Feria del Libro, que este año viene cargada de periodismo, un guiño mediático que puede que reactive al adormilado público y, esperemos, las soporíferas actividades que se suelen programar para atraer al respetable. Luego vendrá el Festival Internacional de Poesía de Granada, una iniciativa que está cuajando con los años y que éste quedará rematada por la entrega, el último día, del flamante premio Federico García Lorca de Poesía. Los autobuses volverán a decorarse de palabras que despierten el ánimo y las mentes de los pasajeros; los buzones volverán a llenarse de cartas con palabras limpias gracias al trabajo de los poetas. Un abril hermoso.
Y luego (saltándonos el puente del Día de la Cruz, esa cruz que se le ha hincado en los hombros a la ciudad desde que se promocionó como el gran festival de la muchachada en busca del coma etílico) vendrá (este año no, pero el siguiente sí, es bianual) el Festival de Cines del Sur, que entrará en su segunda entrega, después de la sorpresa que el año pasado tuvimos todos con esas películas de lugares y entornos culturales tan lejanos. No vamos a parar hasta finales de junio, con el Festival Internacional de Música y Danza y su FEX de extensión cultural a toda la ciudad, del que sobran las palabras.
Seguramente me dejo unos cuantos certámenes y actos que seguramante se solaparán en el tiempo, diversificando la oferta y haciendo aún más atractivo el salir a ver qué te encuentras por ahí, en la plaza de las Pasiegas, en el Corral del Carbón o en cualquier otra parte de la ciudad. Y todo esto, con carencias de infraestructuras culturales de fuste, a la espera (¿eterna?) de que tengamos un gran Teatro de la Ópera y un segundo gran teatro en la ciudad y salas alternativas con subvenciones suficientes como para poder mantener programaciones estables. Granada será cultural o no será, porque si lo que queremos es que salga adelante a base de industria pesada lo llevamos claro.
El norte está claro porque el presente empieza a ser algo parecido a lo que debió ser la ciudad desde hace mucho tiempo. Los políticos, en su falta de reflejos, han tardado en darse cuenta. Pero parecen andar por buen camino. A ver si perseveran y se convencen de que la Cultura, además de ser un entretenimiento, genera riqueza, sueldos, edificios para la historia y, por encima de todo, despierta a los ciudadanos de su letargo frente al televisor, el gran fabricante de alienación.