Etiqueta agregada: ‘escritores

24
May
08

Baudelaire aconseja

Tenía tan solo 25 años y ya se atrevió a escribir todo un libro (librito, pues salen muy pocas páginas) de ‘Consejos para los jóvenes escritores’ (editorial celeste, colección minúscula, 2000). Ha llegado bien tarde a mis manos, pero esto es algo habitual en mi caso, pues soy aficionado a dejar pasar el tiempo sobre los libros y practicar aquello que los surrealistas y el propio Walter Benjamin recomendaban: salir a ‘dejarse encontrar’ por las cosas, hacer como si ellas estuvieran esperándote en algún lugar donde te espera el momento de la revelación de alguna verdad que, curiosamente, era la que necesitabas encontrarte.
No cita Baudelaire en sus consejos ninguno de estos ‘object trouveu’, ni tampoco el azar objetivo o la mística de los encuentros de los surrealistas. Él se limita a jugar al cinismo de proponer hacer a los escritores que comienzan todo aquello que él no hace, es decir, buscar el éxito, ser un buen burgués (honrado, trabajador, con horario estable, nómina, esposa y familia) también en la literatura. Da la fórmula del éxito de ventas y de público para los que se quieran convertir en escritores del momento, mimado por los lectores y por las editoriales. Estas últimas, cuando tienen cierto volumen de títulos y libros editados son a la literatura lo que Telecinco a las televisiones: venden más al peso que al contenido, para lamento de los pobres arbolitos, materia prima de una industria poco recicladora.
Baudelaire introdujo la modernidad al romper el canon clásico que identificaba lo bello con lo bueno y con lo verdadero. Consiguió hacer comprensible a un público desconcertado por esa nueva pintura que tenían como mal dibujada (la que hacía un tal Delacroix) explicándoles que el trazo suelto era una forma de conferir movimiento a la imagen, como se aprecia en ‘La libertad guiando al pueblo por las calles’. Pródigo hasta el punto de tener que soportar que le pusieran un administrador de su herencia paterna, vivió como luego lo harían los grandes del rock:?rápido e intenso. Murió con cuarenta y dos años. Y dejó para la posteridad ese libro hoy imprescindible titulado ‘Las flores del mal’, plasmando esa verdad hoy asumida por cualquiera de que la flores también nacen entre la porquería (algo que ya avanzó Buda cientos de años atrás con aquella bella metáfora de la hermosa flor de loto que flota en el estanque y que, sin embargo, hunde sus raíces en el fango, que es el verdadero alimento de tanta belleza).

Todo esto y mucho más de la trascendencia de este poeta, crítico de arte y romántico hasta en la muerte (permaneció un año mudo y ciego, aquejado de mil dolores, antes de morir) lo explica muy bien el escritor Alfonso Salazar en el prólogo que abre el libro. Introducción muy necesaria para no caer en la trampa que nos tiende Baudelaire. Porque él invita a base de consejos (¡a los 25 años!) a una docilidad literaria que todo el que aspire a su gloria centenaria no debe jamás poner en práctica. Unos consejos que, si bien se mira, hoy siguen la mayoría de los que viven del cuento. Como en todo ideal (estético y vital) hay que elegir entre ser un garbancero (que era de lo que acusaban a Galdós y ahora a Antonio Gala) o aspirar a lo sublime. Aunque algunos se atreven incluso a aspirar a sublimar las croquetas. Pero esto es otro cantar.

05
Abr
08

¿Hay festival?

Le han caído críticas por todas partes a la directora del invento del ‘Hay Festival’ desde que abrió la boca en Granada. Para mí que nadie le avisó de dónde se metía, porque si toda ciudad de provincias tiene sus corrillos que opinan, despotrican, comentan y vilipendian lo que pueden a los de enfrente, en este caso, la señorita María Sheila Cremaschi ha conseguido lo imposible: poner de acuerdo a (casi) todos los grupetes culturales locales en una idea clara: se está haciendo un festival de cultura en Granada sin la Cultura de Granada. Bueno, algunos es critores locales sí que ‘Hay’, peor según comentario generalizado, están los de siempre (Luis García Montero, Almudena Grandes y sus cercanos) y los que no podían dejar de estar (Francisco Ayala). Pero del resto de grandes, buenos, y reputados escritores que viven y escriben en y desde Granada (Andrés Sopeña, Gregorio Morales, José Vicente Pascual, Ian Gibson, Andrés Neuman, Rafael Guillén o Álvaro Salvador) nada de nada.
Adviértase que el invento que ha hecho gritar un ¡Ay! de escozor a unos cuantos literatos locales es una propuesta nacida de la tan loable iniciativa privada (en lo que se diferencia del Milenario hueco de Chaves, un proyecto con dotación, fechas y medios materiales antes de tener un contenido), y que viene del norte, donde la cultura es una cosa de adultos con la consideración que le corresponde. Las empresas de allí invierten en Cultura como en cualquier otra cosa, a sabiendas de que los productos cul turales, si bien no dan beneficios a corto plazo, a la larga acaban generando mucha publicidad indirecta y de la bue na, además de otorgar cierto caché a las firmas patrocinadoras. Pero, (v. g.), nadie se figura a la empresa que produce las deliciosas tortas Maritoñi de esponsor de un recital de poesía (gastronómica, que le pilla más cercano). O a los almacenes Sánchez haciendo lo pro pio con un cineclub. La cultura por aquí sigue teniendo algo de subversivo, de gente rara que trabaja poco y que quiere vivir del cuento. Y, claro, por aquí, ni los escritores pueden vivir de sus cuentos, esa cosa tan mal vista.
Decía que el ninguneo selectivo ha picado. Y la perla de la señora María Sheila Cremaschi (“Si la ciudad lo tiene como propio, el ‘Hay’ se quedará en un futuro, pero si no conseguimos conectar, Granada será la culpable”) mu cho más. Una bronca del respetable como ésta no la conseguía ni Curro Romero en sus más sonadas espantás. Porque la ausencia de lo local en un festival tan global parece querer decir que intelectuales como Umberto Eco tienen más que decir en Granada que las muchas y grandes voces literarias de aquí. Pero hay que distinguir las voces de los ‘ecos’: el autor de ‘El nombre de la rosa’ es una figura internacional indiscutible (como Vargas Llosa o García Márquez) y que venga aquí a charlar delante del público es bueno para la ciudad. Pero apostillamos que, si además de Umberto Eco hubieran incluido a algunos de los antedichos locales, pues todos contentos. Sólo que se les olvidó. Y así, la voz de queja se ha convertido en clamor, y el ‘Eco’ va a quedar disminuido. Aparte de alguna actuación musical, lo del Hay es un evento literario desde su gestación hace 20 años en la campiña galesa. Felicito desde aquí a esta empresaria cultural que ha conseguido aunar voluntades de modo tan unánime en una ciudad de por sí polémica, diversa y divergente. Es todo un logro. Sólo que si en lugar de quejas hubiera conseguido un aplauso unánime, toda la ciudad estaría deseando poder decir que en 2009 ‘Hayfestival’ de nuevo en Granada.




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