Un arzobispo para la prensa


Estaban las redacciones muriéndose de calor y aburrimiento cuando nuestro querido arzobispo volvió a salvar el mes con su innegable capacidad de generar titulares a base de estériles polémicas y actos de enrocamiento donde cualquiera aplicaría la diplomacia de guante rojo que suele prodigar la Iglesia. Pero nuestro arzobispo, el más mediático quizás de los que han pasado por el cargo, no quiere apearse de las primeras páginas de los periódicos, y vuelve a la carga con su estilo de mandar en plan apisonadora. Ahora es en Albuñol, como meses atrás lo fue en La Zubia, o como también sucedió con aquel espinoso asunto del libro sobre la catedral que censuró y que le acabó llevando a sentarse en el banquillo como ciudadano que es de una democracia que no atiende ya a las mitras y dignidades cuando la igualdad ante la ley se pone en juego.
Un chollo para la prensa y una desgracia para la diócesis. Porque todos aquellos que se toman la religión como un asunto personal, todos aquellos que no delegan la gestión de su conciencia en una jerarquía o en una institución, dicen a las claras que este señor debe aprender maneras o si no ceder el puesto a alguien que sepa administrarel cargo no como cosa propia sino como un servicio a la Iglesia. Porque mira que el asunto de Albuñol se ha inflado, con lo poquito que era (todos los días se cambia de destino a algún clérigo y no pasa nada, más que la misa de despedida y el buen recuerdo de los feligreses). Pero aquí ya ha entrado hasta el Defensor del Pueblo Andaluz (Chamizo es cura, recuérdese, pero de los respondones de barba y pelo largo), y hasta con informes de policía y movilizaciones ciudadanas.
Qué hermoso sería que Albuñol fuera noticia por la continuidad en la labor encomiable de un sacerdote muy querido por el pueblo al que sus jefes le reconocen el mérito y le confirman en el puesto por el arraigo y la profundidad de su mensaje en los corazones de su parroquia. Pero no, no soñemos, el paraíso no está en esta vida. Y para recordarnos que esto es un valle de lágrimas, una pileta donde las almas nadan como pueden en un mar tempestuoso de conflictos, viene el jefe de la jerarquía eclesiástica a recordarnos quién es el jefe, por si a alguien se le había olvidado. Ya lo recordó cuando ‘salvó’ a sus sacerdotes de mente inmaculada y pía de la posible contaminación teológica que pueden contagiarle en la Facultad de Teología que llevan los jesuitas (la Compañía de Jesús siempre fue sospechosa entre la jerarquía más ortodoxa, y ahora lo es por liberal y aperturista); y hasta va camino de crear un instituto teológico que imparta su propia doctrina y la de los suyos (que al paso que vamos ya no son sólo pocos, sino que ni siquiera sabemos quienes son los suyos).
Decía que es un chollo para la prensa el arzobispo. Y en su gabinete de prensa te dan largas o te responden que ya le han comunicado que quieres una entrevista. Pero no, el arzobispo, como les ocurre a los feligreses militantes de Albuñol, no está, parece que no sabe, o al menos no contesta. Monta el lío y se parapeta tras sus murallas. Y así, en los tiempos que vivimos, no se hacen las cosas. Y el clamor aumenta. Pero él sigue buscando la salida. Una pena, porque, “mientras tú vas y vienes, como el duende del cuento, él va contigo”, como Amado Nervo sabiamente decía.

Al pie de la vela. La Opinión de Granada. Opinión pg. 24.
Jueves, 30 de agosto de 2007

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