O gordos o muertos de hambre


El telediario de La 2 no tiene desperdicio. Como no lo ve casi nadie, les dejan decir más de lo que deberían de cada tema, en un tono menos encorsetado que en otras cadenas que sí viven de las audiencias. Además de su inteligente presentadora, tienen a Carlos del Amor, con sus noticias culturales de micro-arte informativo. Muy recomendable este noticiero libérrimo en el que pude ver una noticia de las que te dejan sin palabras. Las imágenes hablaban solas: empezó la noticia con un gordo (perdón, un hombre obeso, ya me entienden, con gordura por sobrepeso) que se merendaba un helado goteante mientras, casi sin poder meter todos sus michelines en la cabina de la gran ciudad, intentaba hacer una llamada con la mano pringada de azúcares. La cifra ofrecida era difícil de creer: existen 1.000 millones de gordos(-as) en una parte del mundo. A renglón seguido, otras imágenes hirientes: niños de Nigeria (el país más pobre de la tierra) tambaleándose de hambre intentaban andar. Los huesos se les traslucían a través de la piel. Las madres les miraban con ojos más de resignación que de tristeza por tanta muerte inocente de cada día. Una médico de Médicos sin Fronteras atiende a 70.000 niños en esa zona por desnutrición severa. Denunciaba la negativa a seguir fabricando en los paises desarrollados una papilla hipervitamínica especial para combatir estos casos, lo que suponía la muerte segura de uno de cada cinco niños nacidos en la zona (y en África entera).
Yo estaba cenándome una lasaña recién hecha al microondas y se me quitó el hambre. Hay mucho que callar ante esta visión dicotómica de la realidad global. África se muere. Sus campos, asolados por las plagas de langosta, desertizados por la falta de agua. Las mujeres, víctimas de violaciones sistemáticas sufren la venganza de etnias diferentes a las que pertenecen (las guerras, aparentemente entre estados, allí siguen siendo tribales, y salvajes). Niños soldado en tratamiento psicológico por los horrores cometidos cuando les dieron un fusil y un machete en Liberia o Somalia. Creyeron que mutilar y cortar cabezas era una cosa buena. Y, si me apuran, hasta segregación racial, curiosamente de la mano de los que un día fueron segregados en Sudáfrica (los negros víctimas del apartheid repiten lo que les hicieron con los emigrantes de Angola o Mozambique, con razzias sistemáticas barrio por barrio en busca de ‘los otros negros’ por tener la tez más  negra. África o se muere o se mata, y nosotros en tanto comiendo helados y con exceso de barriga.
Después de estas imágenes lacerantes en La 2, aparecen los jerarcas de cincuenta países desarrollados reunidos por la FAO. Discursos y reuniones, debates y ponencias entre gente saludable y algo gordita. De soltar dinero hablaron poco aunque saben que los excedentes de trigo, leche o mantequilla de Europa es más rentable que se destruyan que enviarlos adonde hacen falta. Todos aquellos discursos sonaban, visto lo visto, a un grupo de boy scouts que canta el ‘Viva la gente’ en mitad de un campo de refugiados lleno de tullidos.
Los que visitan estos países curan su autocomplacencia cuando ven a la gente muriéndose por las calles, desde el coche con las ventanas subidas y el aire acondicionado a tope. Ya no miran hacia otro lado y empiezan a cuestionar cosas como que la Junta Militar que asola Myanmar (Birmania) siga impune. Entienden que la ONU si sirve para algo es para mantener a los burócratas entretenidos. Comprueban que aquí morimos de gordos y allí de hambre y encima les hablamos de ecologismo a los negritos para que no se papeen sus elefantes. Parece broma. Pero ellos no se ríen. Se limitan a mirar a la cámara con ojos fríos.

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