Begonia coreana y gris


Una nueva variedad de flor nació en Corea del Norte. Es un tipo de begonia bautizada como ‘kimjongilia’, belleza floral de pétalos gruesos y vivos colores que, por arte y magia de la manipulación genética, han alumbrado los siniestros laboratorios del país más hermético y surrealista del mundo, un cortijo sometido con mano férrea por un dictador bajito (todos los dictadores lo son) llamado, claro está, Kim Il Jong. kim Jong Il
La cosa no pasaría de ser una anécdota más de un sátrapa de tantos en su afán de dejar inscrito su nombre en la historia y en el inconsciente colectivo de su pueblo. Ya lo pretendieron Idi Amín Dadá en Uganda, Haile Selassie, en Etiopía o zumbados que siguen vivos como el coronel Gadaffi. Lo lacerante en la forma de gobernar de este enano con calzas es que su pueblo, idiotizado tras décadas de lavado de cerebro, se le muere de hambre. Literalmente. Dos millones de muertos (según las organizaciones internacionales) cayeron inanes al suelo sin siquiera una mueca de disgusto en la última hambruna. Porque en aquel país no se puede ni protestar por morirse.  Sería contrarrevolucionario, propio del egoísmo capitalista sólo interesado en salvar la propia vida, sin deseos de morir por su pueblo, qué digo, por su líder, por su guía, Kim Il Jong.
Este país, Corea del Norte, quedó perfectamente retratado en la tele en un reportaje reemitido el jueves, en la Quatro, y realizado por Jon Sistiaga. Yo ya lo había visto por Youtube, esa ventana a la libertad informativa que está haciendo mella hasta en los tiranos iraníes. En Corea del Norte impera el absurdo absoluto, más aún si cabe que en la tierra de los ayatolás. Una imagen: un trabajador limpiaba la carretera en un lugar perdido entre ninguna parte y la otra. Parecía un autómata. Lo peor de todo es que por aquella carretera no pasaban coches. A excepción de los mercedes oficiales del partido comunista. El Estado prohíbe tener coche propio, por capitalista. Ese mismo Estado que mantiene a la población tan débil (dicen que por el embargo internacional, pero el gasto en armamento de este país es descomunal) que hasta ha empezado a menguar la altura mínima que se exige a los reclutas que quieran entrar al ejército (ha pasado de 1,50 a 1,40).
La impresión del periodista que armó un reportaje a partir de las imágenes que pudo tomar desde un autobús controlado por los agentes del gobierno, era que allí había un pueblo prisionero y aterrorizado. Si alguien disiente en lo más mínimo (da la espalda a la imagen del líder que luce en lugar preferente en cualquier rincón del país; protesta en un restaurante por la mala comida; corea2se queja por recibir sólo 1 euro al día para su manutención; protesta porque el 30 por ciento de las madres están desnutridas, o porque el 25 por ciento de los niños nace prematuramente) corre el riesgo de ser trasladado junto con toda su familia a un campo de reeducación en el campo. Allí también se confina a los tullidos, a los subnormales, a todo aquel que tenga alguna tara, psicológica o física, y pasa a convertirse en mano de obra gratis que trabaja a destajo para mantener un país donde las sonrisas parecen congeladas en el rostro. Nadie se sale de la formación. Por si acaso.
En la biblioteca nacional guardan como un tesoro los 18.000 libros que escribió, “de su puño y letra” -según afirmaba nada menos que un catedrático de literatura que decía “habérselos leído todos”-, el fundador de la patria norcoreana, Kim Il Sung, padre del actual dictadorzuelo. El periodista (camuflado de turista) alcanzó a echar cuentas y le aclaró al catedrático que si esa capacidad intelectual sobrehumana fuera cierta, supondría que el líder-fundador se habría escrito un libro al día durante 43 años. Y encima, según decían los bibliotecarios, los libros eran profundos. El catedrático-funcionario, desconcertado, parece que nunca echó las cuentas de aquella trola que en su país se toma como dogma de fe.
corea del norteLas dictaduras saben mucho de la debilidad humana. Tanto, que explotan la parte más miserable de cada uno para perpetuarse en el poder. La envidia, la delación son moneda común en una sociedad donde el azar o la risa se han erradicado. Por capitalistas, supongo.
De todos los personajes siniestros que salieron en el reportaje, reconozco que hubo uno que me resultó especialmente retorcido. Era una español, de Reus, que responde Alejandro Cao de Benós de Lés y Pérez, que se había integrado a la perfección en el esquema de aquel régimen y disfrutaba de prebendas y distinciones. caodebenos2

En sus explicaciones sobre la realidad norcoreana no había ni una pizca de crítica. Al contrario, se preocupaba de justificarlo todo, hasta la existencia de esas autopistas de tres carriles por la necesidad de la autodefensa. Este tipo de Reus puede salir del país y ver el mundo de ahí fuera para luego volver al gulaj en el que ocupa un puesto de relieve. No sé cómo no le prohíben la vuelta a Reus de por vida. Por colaboracionista con el terror de Estado.
Aún quedan islotes en el mundo de esta descerebrada forma de gobernar. Ya quedan menos descerebrados que, desde una supuesta ideología de izquierdas, pretenden justificar su existencia. No creo que a ningún comunista/socialista de bien le resulte grato visitar ese putiferio podrido de corrupción llamado Cuba. Tanta revolución para acabar igual que con Batista: como destino dorado de los ricachones europeos y americanos y de los pederastas ávidos de carne mulata. Aún queda quien culpa de todo al embargo americano, pero cada vez son más los que entienden el socialismo como una defensa de la libertad, también la individual.
Países así, tipo China o Birmania, se están quedando como museos anticuados donde, esa es la pena, aún vive gente que sufre la bota del dictador. La sed de poder absoluto se puede disfrazar de rojo o de azul, y hasta de verde, pero siempre será igual a sí misma. Una caricatura de lo que puede ser una sociedad. Están surgiendo nuevos candidatos al título de ‘Hitler siglo XXI’ en países como Venezuela, donde a la chita callando va tapando las bocas de los que le contestan a sus bravuconadas de telepredicador-presidente. Cierto es que le elige su pueblo democráticamente y por mayoría, pero el pueblo, como sucedió con Hitler, también a veces se equivoca mayoritariamente. La táctica es parecida en lugares bien distantes. En Venezuela y en Corea del Norte aparece a diario el presidente en las televisiones, inaugurando, dando un discurso o lanzando diatribas contra el enemigo común.
Los dictadores del socialismo o del fascismo son tan evidentes y descarados en sus formas y parafernalias, que resultan patéticos y simplones. Más sutil es sin embargo la dictadura de este otro lado, el mundo libre, como les gusta a los americanos llamarlo. De este lado la dictadura la ejercen las grandes corporaciones, las mismas que en su codicia desmedida han terminado por arruinarnos a todos. De este lado, el de la libertad, la realidad tiene más color, pero también está más hastiada de impactos para que compremos. La dictadura es más sutil y psicológica. Sin darnos cuenta, acabamos eligiendo libremente lo que alguien ha previsto que elijamos. Los bancos son los que, con crisis o sin ella, controlan el cotarro con su crédito discrecional a partidos políticos o empresas. Sus directivos son también personas grises, que casi nunca salen en la prensa, pero que mueven el mundo desde su sillón como si la realidad fuera una partida de ajedrez para ellos.
Cuesta decirle a un norcoreano que esto es mejor, porque de este lado la injusticia también se ceba con el ser humano y la desigualdad económica elimina la posibilidad de la tan cacareada libertad individual (que le hablen de libertad de elegir al que nació en una favela en Río; se partirá de risa). Pero lo que si está claro es que, por lo menos en potencia y ante la ley, todos somos iguales. Así es desde 1879, cuando la revolución francesa y burguesa. Esa igualdad se percibe claramente cuando te encuentras con que a un tal Milosevic le juzgaron por crímenes contra la Humanidad; cuando a un banquero trincón le sientan en el banquillo y le mandan a chirona; cuando se ejecuta una ‘operación malaya’ y los corruptos acaban en la cloaca de cualquier cárcel, que es su medio natural. En España se siente especialmente esa libertad porque muchos tenemos aún en la memoria remota recuerdos de cuando nos trataban como en Corea del Norte, aquellos tiempos del ‘Cuéntame…’ en que un señor bajito nos decía cómo debíamos pensar, estábamos aislados del exterior, la religión mal entendida ejercía de medio de represión social y el Parlamento era una pantomima con aquellos escaños repletos de hombres grises, con bigote y uniforme militar o paramilitar (falangista). Aquella España gris, donde ser “de familia de rojos” podía ser motivo para convertirse en un apestado social, era la que me venía al recuerdo viendo aquellas imágenes de la autárquica Corea del Norte sometida a un semidiós al que llaman ‘Querido líder’

que, después de heredar el poder de su padre, ahora ha designado sucesor en la persona de su propio hijo, Kim Jong-un, consolidando con ello la primera dinastía nacida de una dictadura del proletariado. Seguro que ya están preparando en los siniestros laboratorios de aquel país una nueva variedad de begonia, la ‘kimjongunia’, para él.kim jong il

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3 comentarios en “Begonia coreana y gris

  1. Pingback: Los números de 2010 | El Oteador – Edición semestral on-line / ISSN 1988-2947

  2. Muy buenas ¡¡ No te haces a la idea de quien soy. Da igual, fuimos vecinos del barrio en le época de niños. Ya que he llegado hasta aquí por pura casualidad, quiero pedir unas disculpas quizás tardías. Verás, ¿recuerdas en la época que jugabas al Rugby con el instituto Majón?. Yo jugaba con el Cartuja y más tarde con el Universitario. Recuerdo un partido en el que nos enfrentamos Majón/Cartuja y “queriendo” te di un guantazo en toda la cara que te hizo daño. Eso en el Rugby está prohibido y si lo hubiese visto el árbitro habría pitado falta. Bueno pues por la intencionalidad en la falta “te pido disculpas” ahora que ha surgido la oportunidad. A pesar de ser vecinos tú de Fray Leopoldo y yo de María Luisa de Dios nunca hemos cruzado una palabra. ¡¡ Nunca es tarde creo !!

    Saludos. Enhorabuena por el Blog.

    Tomás

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