Puente cultural


Málaga_Centre_Pompidou.20150418 (2)

Centro Pompidou de Málaga. Fuente: wikipedia.

En pleno Corpus me escapé a ver el mar y, de paso, pasearme el flamante Centro Pompidou de Málaga, experiencia marinero-cultural más que recomendable que te invita a pensarte ese pretendido ‘robo’ de la capitalidad cultural que, dicen algunos, nos ha hecho Málaga.
No todos los días puede uno disfrutar de originales de Picasso o Chagal. Tampoco de arquitecturas al buen gusto como la de ese alarde francés en pleno puerto. Chapeau. A hora y media de Granada nada el París más cool. Y a un paso el Picasso y el Thyssen o el arte ruso de San Petersburgo. Todo un espejismo cultural concentrado en una Málaga que, astuta, ha hecho de su carencia virtud, cogiendo de prestado, a golpe de talonario, el arte con solera que no tuvo. Ingenio no les falta, ni un poco de descaro, porque ese modelo cultural hace aguas en cuanto escarbas un poco y ves que no pasa de ser un menú degustación del gran arte de las ciudades a las que pretende emular.
Muchas prisas en Málaga, no más de 15 años, para ganarse el título de capital cultural que, más allá de los folletos turísticos, sigue sin serlo. Con tiempo, constancia y centros culturales que han abierto nuevos (CACMA, Ollerías o privados) tal vez hagan la labor verdadera que supone generar cultura. Lo cultural no se improvisa. Nace de la fuerza y la pujanza de la creatividad individual y grupal, con centros de formación que permitan profundizar en las artes y el apoyo social que lo valore y lo compre. Pueden crearse mastodontes huecos, promover de arriba a abajo el arte contemporáneo, pero la cultura enraizada surge en dirección contraria, está claro.
La adormilada Granada cultural tiene tiempo de remontar el adelantón que le han dado desde Málaga. Y hasta de plantearse si no sería estupendo aprovechar la cercanía para crear ese puente necesario entre ambas ciudades; una, sobrecargada de pasado, poesía y patrimonio; otra, de la  modernidad que se nos escapa y que allí están loquitos por alcanzar. La competencia es buena y lo cultural, ya se ve, también es rentable. Hagamos caja juntos.
Entre lo antiguo y lo nuevo de ambas ciudades, hermanadas en el ostracismo por la orgullosa Sevilla, puede que bajarse a la playa o subirse a la sierra se convierta en todo un festín cultural que todos vamos a celebrar.

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