Mas y el abismo


Hay quien ve un precipicio y, consciente del peligro, rectifica, lo esquiva cauteloso y redirige sus pasos por mejores senderos. Pero hay quien ve el abismo abrirse a unos metros y, contrario a toda razón, se lanza entusiasta hacia la nada, confiado en que morirá como mártir fiel a su destino. Si es un individuo el que toma la opción suicida, bueno, pues te lamentas, constatas que el mundo rebosa de idiotas y hasta puede uno acercarse a darle sepultura. Pero cuando se trata de toda Cataluña pues te pones triste, claro, y serio, y te preocupas.

Artur Mas, leader of the Convergencia i Unio (CIU), celebrates the party's regional election results in Barcelona November 28, 2010. Spain's Catalan nationalists ousted the ruling Socialists in a vote on Sunday in the wealthy northeastern region, reflecting discontent over high unemployment and growing separatism. REUTERS/Albert Gea (SPAIN - Tags: POLITICS ELECTIONS)

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Abismo

Porque a la peña de Mas el tiempo les juega en contra. Se está remontando en parte lo peor de la crisis y aceleran. Mas y su ‘casta’ saben que con la independencia pueden pasar del pillaje institucional del pujolismo a ser dueños literales del país, a legislar a las claras el saco de Cataluña.
Y hay quien hasta se alegra de esta locura. El españolismo más recalcitrante se frota las manos al ver el destino de los catalanes en manos de semejante botarate. El proceso catalán (pendiente de otra relación con el Estado, es obvio) adolece de la improvisación propia de un mago de tercera, mesianismo embaucador plagado de tergiversaciones históricas más que risibles, patéticas. Espectáculo lamentable con telón de fondo de cadenas humanas y cánticos patrios. La política en Cataluña es hoy más pueblerina que nunca.
No creo que rectifique el tal Mas a estas alturas. El espectacular salto del ángel va a ser como para verlo. Pero no todo está perdido. El catalán es un pueblo con un as bajo la manga. Tiene el seny que le caracteriza, esa mezcla de pragmatismo y sabiduría tan suya. Seguro que lo aplican en las urnas. Porque si un líder se quiere tirar por un barranco, su pueblo siempre puede frenarse y verle caer como un correcaminos tonto, y escuchar allá a lo lejos el plof de que se acabó la pesadilla de este vendedor de sueños rotos que ya tarda demasiado en dejar sitio a la verdadera Historia.

El turista feliz


Disfruto observando a los visitantes que vienen a disfrutar por unos días. Sus rostros absortos en la contemplación de tanta belleza, cansados, sudorosos, reflejan el hechizo que un día me produjo esta ciudad profunda. Alzo los ojos, veo la Alhambra centinela y rescato aquella sensación primera. Y comprendo. Su felicidad transitoria revivifica y contagia. HOMO TURISTIKUSPensamientos por el estilo, de esos que te dejan en stand by meditativo, me asaltaron al leer una frase inscrita en cerámica de Fajalauza a la entrada de un hotel de la Alpujarra. Decía así: “Hospedar al viajero es hacerse cargo de su felicidad todo el tiempo que aquél se halla bajo nuestro techo”. La firma Anthelme Brillat-Savarin, jurista francés de la Revolución Francesa y filósofo de la gastronomía y la buena acogida. Eso es, pensé: hacerles felices por unos días… Si nos dejan. tourism_technologyPorque esta actitud generosa la olvidamos conforme el Homo turisticus se convierte en masa amortizable a la que hay que devolver a casa con el bolsillo más vacío de cómo lo traía. De los turistas sólo leo aquí y allá cifras y palabras tan malsonantes como “rotación de camas”, “gasto por persona y día” o “pernoctaciones”. El campo semántico de la rentabilidad les deja a la altura del cliente del súper al que hay que colocar, en este caso, souvenires, tapas, entradas y algunas compras. Y para conseguirlo, transformamos en un gran bazar el centro de la ciudad, desde Plaza Nueva hasta la Fuente de las Batallas, única zona habitada de la desértica ciudad canicular.
Es paradójica esta relación con el turista. Le necesitamos para salvar una ciudad que si no fuera por ellos estaría ya con el PIB en coma profundo. Pero el servilismo de transformarnos en parque temático para su disfrute implica venderles el alma y, al cabo, perderla, con hoteles y habitaciones pirata que dejan deshabitadas las casas, bares donde ya los nativos ni entramos de tan de diseño que los ponen, o trenecitos desde donde nos miran y hacen fotos sin piedad unos individuos que sonríen en pantalón corto. turista_payasoEl turismo sostenible y otras grandes palabras se quedan en nada cuando ves, como ya sucede en Barcelona o París, que esa marabunta sin coto aplasta a su paso cualquier atisbo de felicidad allá por donde pasa. Y Granada, sin felicidad para compartir, ya no es, ya no será nada.