Me gusta


Me gustan…
Los zapatos de piel, suela de cuero y cordones; las cometas (si supiera volarlas). Las nubes del atardecer rosado con pintitas rojas y violetas. Que me enseñen a mirar los colores. La luna cuando está llena. Un árbol, cualquier árbol. Los jubilados viendo el fútbol o cuando están en el parque jugando a los bolos, o verlos liar su picadura selecta.

También…
Los moluscos (hermitaños, quisquillas y pequeños cangrejos) que corren entre las rocas cuando las bajamares. Una tarde lluviosa y el puerto. Los madrugones en las lonjas de pescado.
Y una tarde junto a mi madre, sin nada que hacer más que escuchar sus relatos de la tía que se volvió loca porque la dejó su marido o la retahíla de sagas familiares que sólo ella se sabe.
Y el comienzo de las tormentas, la mitad de los truenos, ver (que los he visto) algún rayo,… y mejor si es bajo/con un pararrayos. Después de la tormenta, los ojos puestos en la gota que cae silenciosa de la punta de una hoja.

Me gusta…
La gente que no tiene porqués y si muchos qué, y pocos cómo, y ningún dónde, y sabe adónde, o mejor en dónde, y no te pregunta más que qué quieres hacer esta tarde.

Y otras menudencias:
La música de Casablanca, la mecedora que le pinté de rojo pasión literatura, las estanterías de ladrillos y tablas, los vaqueros gastados, Billie Holliday, el Ché, la vida de Mikos Katzantakis, las tortuosas vidas de los santos.

Lo kitch. Lo zen. La verdad de lo cristiano. Algunas mezclas cacofónicas de estilos arquitectónicas que todos los entendidos dicen que son horteradas.
Las españoladas de Alfredo Landa.
Las pelis japonesas si estoy de humor y con paciencia del santo Job. O Ciudadano Kane o el mejor Almodóvar.

Y sobreporencima de todo:
Cenar tortilla francesa y comer a deshora. Sus pechugas con besamel. Correr descalzo. No mirar nunca la hora. Saber que está y con esa certeza soportar el tiempo que nos separa.

Ponerle de comer a mi gata, contarle cosas, mirarla durante un cuarto de hora sentado en el suelo, la gata y yo, y la vida en ella y en mí, y ella, (Ella, Ella) pintando arriba el mundo en un espacio de 90 metros cuadrados dividido en unas cuantas plantas.

La cara de mi amigo cuando ha vencido su batalla.

El arranque de un buen texto. La melodía del texto deshaciéndose entre malvas. El final del texto si salió de un tirón.

El sonido al partir el tren.

Los cementerios vacíos. Los monumentos cerrados. Las iglesias donde ni Dios quiere ya escuchar a Dios y sin embargo allí Él me con sus silencios me habla.

Pelarme. Las marujas haciéndose las mechas.

Quitarle el papel a las magdalenas. Hacer café, Tomármelo a la hora de servido, frío y con mucho azúcar.
Pelearme con los clavos y, sin embargo, clavarlos.

Leerme enteritos los prospectos de las medicinas, saber de vinos, leer en el water, escuchar el zumbido de la noche cuando todo se calla.

Tomar el sol desnudo,… si estoy con amigos. Mirar a los niños jugar desnudos en la arena. Sentir mi cuerpo mojarse entero cuando me baño en un río.

Escribir sin consignas. Seguir escribiendo a pesar de las consignas. Rebasar la propuesta y entonces, subirme al pincel y dibujar mundos sobre el folio, en el hueco que dejan las palabras.

Algunos, pocos, libros.

Comprar el periódico y hacerle el desayuno y tomarlo en la terraza.

Tocar las plantas y regarlas.

Ver los rayos de sol entrar por la ventana y la gata buscando el sol…

Montar en bici, con sol, lluvia, con frío o con calor, y saludar a algún amigo, que me sonrían cómplices los niños.

Escupir por la calle, hacer rabiar a los gatos, huir de los perros, mirar la Alhambra de noche cogido de su mano, y así cogido, venga lo que venga ya todo me gusta, porque su mano me abriga el corazón y eso es dulce y me calma.

Verla sonreír, de día o de noche. Verla recién levantada, recién duchada, recién pintada, también cuando se arregla por las noches (reflejada en un espejo y pintándose los labios, rizándose las pestañas, con la pícara ilusión de la primera cita que no tuvimos).

Y, a veces, secar sus lágrimas.

“La Felicidad Clandestina”. Taller intensivo de escritura con César Requesens


Taller de Escritores de Granada

Escritura_ALQMorayma

Taller intensivo de escritura con César Requesens
21-23 de Noviembre
Alquería de Morayma, Alpujarra (Pensión Completa)
Escribir, imaginar, soltar la tensión, disfrutar. La energía que genera la creatividad puede combinarse con la práctica de diversas técnicas de relajación y meditación  que nos ayudarán a mantener la estabilidad emocional a la vez que podemos introducir en nuestra escritura (y en nuestra vida) una forma más creativa de ver las cosas. Durante el curso se propondrán diversos ejercicios que estimulan la creatividad literaria, el juego y los aspectos más lúdicos de la escritura, también haremos visualizaciones, paseos y dinámica de grupo junto con prácticas de relajación (inspiradas en el Tai-Chi y en la meditación zen) a lo largo de los dos días en que disfrutaremos de un entorno natural en el que reencontrarnos con la esencia de nuestro ser creativo.
César Requesens es escritor y profesor de Tai Chi-Zen. Es autor…

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Taller Intensivo con Koni Selinger y Silvia Adela Kohan


Fecha: 24-25 Octubre

Taller 1
KIT de herramientas esenciales
para acabar bien un relato o comenzar bien una novela
 con Koni Selinger.

Taller enfocado a plasmar tus ideas y convertir tu texto en un buen texto literario
con ejercicios específicos.
Tienes una historia en mente y no sabes por dónde comenzar.
Quieres trabajar con tu experiencia vivida. Estás escribiendo un relato y no encuentras el camino hacia un final sugerente.
Las herramientas imprescindibles y cómo usarlas.

Koni Selinger.  Investigadora de técnicas de creatividad en literatura y lenguaje y ganadora de concursos de cuentos infantiles y de obras para títeres. Ha publicado Abuelos cuentacuentos, Hacer escibir a los niños 2 y La nueva cocina del bienestar emocional para niños (cuentos y recetas según el estado de ánimo) en Alba Ed.  y  Coordinadora de talleres por Internet. Docente especializada en técnicas de creatividad en teatro, títeres y escritura creativa.  Redactora de la revista Escribir y Publicar. Imparte talleres de cuento y novela en librería L’Altell y librería Context, de la provincia de Girona, y Talleres de narrativa en FAO, Roma, Italia.

Taller 2

El arte de escribir una historia a tu manera:
guía personalizada para afirmar el estilo  
con Silvia Adela Kohan
Ejercicios prácticos para tu proyecto personal.
¿Es un cuento o un capítulo?
¿Qué le falta? ¿Qué le sobra?
Trucos de arqueología narrativa.
Así es si así lo cuentas: cuando lo cotidiano se vuelve mágico
Ejemplos de grandes narradores con instinto para “enganchar” a los lectores.

Silvia Adela Kohan Escritora y filóloga, pionera de los talleres de escritura en España, autora de las Guías del Escritor de Alba, entre otras:Gramática para escritores y no escritores, Puntuación para escritores y no escritores,Para escribir una novela, La escritura terapéutica, y de Disfrutar de la lectura, De la autobiografía a la ficción, Cómo escribir un relato (Plaza y Janés), Biblioterapia y cineterapia (Grijalbo), etc.Ha ganado el Premio Delta 2005 de novela con Un año de mi vida,  el “Juan Rulfo” de cuento con “Este no es un asunto más para nosotras”.

Lugar: Librería Sostiene Pereira (c/ Horno de la Merced, junto al Arco de Elvira)

Precio: 120 Euros

Abdicar del fútbol


Está claro que no hay nada mejor para los tiempos de crisis que unas firmes convicciones religiosas, ese privilegio de creer en algo que nos une con el todo aunque a nuestro alrededor todo sea pérdida y zozobra.
De ahí que haya que agradecerle al ‘sagrado fútbol’ su función ansiolítica entre 2008 y 2014 para un país que se iba, como poco, hacia el abismo. Podíamos perder el trabajo, la casa, el coche o la esposa, pero por primera vez en nuestra historia, no perdíamos partidos, y hasta los ganábamos, y llegábamos a cuartos, a la final y conocimos, abrazados, en masa, el nirvana cuando vivimos no una sino dos victorias seguidas en la copa de Europa o en la del mundo.
Pero nuestros sacerdotes-futbolistas, ricos, aristócratas, se acostumbraron a la victoria, se envanecieron y enriquecieron, aburguesados, adormilados, sin chispa ni gracia. Su fe en la victoria ya no era tan pura, se instalaron como cualquier funcionario de las religiones conocidas y, finalmente, lo acabamos de ver, perdieron la gracia, el toque, el don divino del balón.

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Días atrás abdicaba un rey asediado por escándalos propios de unos tiempos en que creímos ser algo más de lo que somos. Con él se fuebtambién la última ilusión de que el opio del fútbol puede sustituir a esta vuelta a la normalidad desde la práctica de algunas sencillas virtudes en la rutina de la prosa diaria.
Al poco, coronaban sin mucho oropel a un nuevo rey que empieza a reinar desde la derrota. El anterior se llevó, calendario en mano, el sueño de un país al que ya no le quedó más fe que la de once héroes corriendo detrás de una pelota.
Habrá que buscar a partir de ahora algo nuevo en lo que poner el corazón y sus sueños. Porque ya ha quedado claro que estos ‘curas del fútbol’ con primas de sonrojo ya no defendían los colores de la roja y el espíritu de lo que significaban, sino sus cuentas corrientes y sus cochazos.
Se acaba el sueño del ‘fúrvol’, necesario pero efímero. Quizás era la factura a pagar por salir de la bancarrota, de una época sin espíritu en la que todo ha sido abochornarse viendo cómo banqueros, sindicalistas, funcionarios, duques e infantas y, qué sé yo, hasta el frutero de la esquina, dejaron de creer en algo y se lanzaron a llenarse los bolsillosn al grito de mariquita el último.
Ya se acaba, ya. Y con fútbol o sin él volveremos a poder creer en algo, al menos en el Quijote que siempre fue delante de Sancho Panza.

C de R.

Mujer en la alacena


Ahora todo está en silencio pero hace unas horas ella estaba ahí, clara, diáfana, colocando alimentos en la cocina.
No quiso que yo la ayudara. Es su territorio y yo, intruso falócrata patriarcal y extraño en sus dominios, no debía molestar su orden propio. La luz se tornó un punto aún más alto para nevar la luz desde más arriba.
Esbelta ella, serena ella, en paz y tan ella… me detuve a observarla, excrutando cada movimiento, pausado y certero. Las galletas aquí, para ti, para ti mi amor, decía o pensaba, ya ni sé….  tu azúcar, tu café, ah, tu café, ah tu leche para las noches, tus patatas para mañana…
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Al alzarse sobre las puntas de las bailarinas, su cuerpo se hizo más esbelto aún; su melena caía sobre la espalda, caoba y oro, ondulada, libre. Hay placeres clandestinos y solitarios, intransferibles. Y contemplarla desde el balcón, fumando yo mi cigarrillo, meditabundo, con ese regusto profundo del que puede mirar furtivo sin que nadie advierta que estoy mirando.
Impagable fue uno de ellos.
Fue un premio a la constancia de querer ser feliz a pesar de todo y contra todos esos virus que quieren infectar la flor de mi alegría; fue un pago a la perseverancia en un amor amigo que creí que no tendría más que compañía, sin momentos así, instantes de nieve, tan lentos como el caer de un copo sobre el manto blanco que cubrió mi vida cuando era invierno. Pero, la primavera está acabando de colocar las cosas en su sitio, en la alacena.