Diatriba contrabancaria de un desesperado


Y dijo aquel hombre rociado de gasolina y con una cerilla en la mano: “Ellos originaron la crisis con su especulación, sus malas inversiones, su apoyo a la codicia inmobiliaria sin límites y nosotros www.celedoniosepulveda.es(los contribuyentes que pagamos los impuestos que gestionó, mal, el Estado) les dimos el premio de 7.000 millones de euros para que no se hundieran del todo y arrastraran con ello al resto de la economía. Ahora, ellos (los bancos) nos lo agradecen cerrando el grifo del crédito (tan fácil hace sólo dos años) a empresas y particulares, elevando hasta porcentajes de usura el precio de los créditos para los que piden hasta dos ó tres avalistas, retirando tarjetas, subiendo el precio de los servicios bancarios y ejecutando hipotecas de miles de morosos despedidos de sus empleos que agotaron ya el desempleo, los ahorros, la ayuda social y la ayuda de sus padres y hermanos. creando inmobiliarias bancarias para sacar al mercado Ellos siguen teniendo inmensos beneficios gestionando y reinvirtiendo el dinero que les seguimos confiando en operaciones millonarias muy lucrativas en América del Sur y países más inocentes, colocándolo en paraísos fiscales, especulando en las bolsas de todo el mundo, creando nuevos productos bancarios de alto riesgo, negándose a pagar impuestos por su tráfico especulativo con ese dinero que nunca fue suyo. Ese que siempre fue nuestro, ese que es tuyo. http://cajasybancos.blognomia.com/2010/07/la-banca-va-a-sangrar-por-las-hipotecas-al-120-del-valor-real-que-dio/El oficio de la banca no es para gente decente hoy día, pero los bancos españoles están entre los primeros del mundo (dicen que pierden dinero, pero en realidad tan sólo es que ganan menos, pero ganan mucho). Una banca fuerte no es sinónimo de riqueza, es sinónimo de la idiocia de unos clientes resignados, vencidos, acorralados. ¿Para cuándo el próximo corralito? Evitarlo es nuestra responsabilidad. Contra la última tiranía, actuemos con justicia, sin violencia, con la calma de la gente responsable. Seamos nosotros decentes. Retirémosles nuestra confianza (nuestro dinero). El poder está en nuestras (en tus) manos. Ejércelo o me mato”. Y una niña rompió la formación de curiosos que observaban sin mucho interés al suicida, se adelantó unos pasos, sopló la cerilla del desesperado y le dio a aquel hombre un beso en la mejilla, con los ojos bien cerrados. Él rompió a llorar y ya el público se marchaba, sin muchos comentarios.

Acción mundial contra los bancos

Corrupción bancaria y especulación financiera, o democracia.

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Begonia coreana y gris


Una nueva variedad de flor nació en Corea del Norte. Es un tipo de begonia bautizada como ‘kimjongilia’, belleza floral de pétalos gruesos y vivos colores que, por arte y magia de la manipulación genética, han alumbrado los siniestros laboratorios del país más hermético y surrealista del mundo, un cortijo sometido con mano férrea por un dictador bajito (todos los dictadores lo son) llamado, claro está, Kim Il Jong. kim Jong Il
La cosa no pasaría de ser una anécdota más de un sátrapa de tantos en su afán de dejar inscrito su nombre en la historia y en el inconsciente colectivo de su pueblo. Ya lo pretendieron Idi Amín Dadá en Uganda, Haile Selassie, en Etiopía o zumbados que siguen vivos como el coronel Gadaffi. Lo lacerante en la forma de gobernar de este enano con calzas es que su pueblo, idiotizado tras décadas de lavado de cerebro, se le muere de hambre. Literalmente. Dos millones de muertos (según las organizaciones internacionales) cayeron inanes al suelo sin siquiera una mueca de disgusto en la última hambruna. Porque en aquel país no se puede ni protestar por morirse.  Sería contrarrevolucionario, propio del egoísmo capitalista sólo interesado en salvar la propia vida, sin deseos de morir por su pueblo, qué digo, por su líder, por su guía, Kim Il Jong.
Este país, Corea del Norte, quedó perfectamente retratado en la tele en un reportaje reemitido el jueves, en la Quatro, y realizado por Jon Sistiaga. Yo ya lo había visto por Youtube, esa ventana a la libertad informativa que está haciendo mella hasta en los tiranos iraníes. En Corea del Norte impera el absurdo absoluto, más aún si cabe que en la tierra de los ayatolás. Una imagen: un trabajador limpiaba la carretera en un lugar perdido entre ninguna parte y la otra. Parecía un autómata. Lo peor de todo es que por aquella carretera no pasaban coches. A excepción de los mercedes oficiales del partido comunista. El Estado prohíbe tener coche propio, por capitalista. Ese mismo Estado que mantiene a la población tan débil (dicen que por el embargo internacional, pero el gasto en armamento de este país es descomunal) que hasta ha empezado a menguar la altura mínima que se exige a los reclutas que quieran entrar al ejército (ha pasado de 1,50 a 1,40).
La impresión del periodista que armó un reportaje a partir de las imágenes que pudo tomar desde un autobús controlado por los agentes del gobierno, era que allí había un pueblo prisionero y aterrorizado. Si alguien disiente en lo más mínimo (da la espalda a la imagen del líder que luce en lugar preferente en cualquier rincón del país; protesta en un restaurante por la mala comida; corea2se queja por recibir sólo 1 euro al día para su manutención; protesta porque el 30 por ciento de las madres están desnutridas, o porque el 25 por ciento de los niños nace prematuramente) corre el riesgo de ser trasladado junto con toda su familia a un campo de reeducación en el campo. Allí también se confina a los tullidos, a los subnormales, a todo aquel que tenga alguna tara, psicológica o física, y pasa a convertirse en mano de obra gratis que trabaja a destajo para mantener un país donde las sonrisas parecen congeladas en el rostro. Nadie se sale de la formación. Por si acaso.
En la biblioteca nacional guardan como un tesoro los 18.000 libros que escribió, “de su puño y letra” -según afirmaba nada menos que un catedrático de literatura que decía “habérselos leído todos”-, el fundador de la patria norcoreana, Kim Il Sung, padre del actual dictadorzuelo. El periodista (camuflado de turista) alcanzó a echar cuentas y le aclaró al catedrático que si esa capacidad intelectual sobrehumana fuera cierta, supondría que el líder-fundador se habría escrito un libro al día durante 43 años. Y encima, según decían los bibliotecarios, los libros eran profundos. El catedrático-funcionario, desconcertado, parece que nunca echó las cuentas de aquella trola que en su país se toma como dogma de fe.
corea del norteLas dictaduras saben mucho de la debilidad humana. Tanto, que explotan la parte más miserable de cada uno para perpetuarse en el poder. La envidia, la delación son moneda común en una sociedad donde el azar o la risa se han erradicado. Por capitalistas, supongo.
De todos los personajes siniestros que salieron en el reportaje, reconozco que hubo uno que me resultó especialmente retorcido. Era una español, de Reus, que responde Alejandro Cao de Benós de Lés y Pérez, que se había integrado a la perfección en el esquema de aquel régimen y disfrutaba de prebendas y distinciones. caodebenos2

En sus explicaciones sobre la realidad norcoreana no había ni una pizca de crítica. Al contrario, se preocupaba de justificarlo todo, hasta la existencia de esas autopistas de tres carriles por la necesidad de la autodefensa. Este tipo de Reus puede salir del país y ver el mundo de ahí fuera para luego volver al gulaj en el que ocupa un puesto de relieve. No sé cómo no le prohíben la vuelta a Reus de por vida. Por colaboracionista con el terror de Estado.
Aún quedan islotes en el mundo de esta descerebrada forma de gobernar. Ya quedan menos descerebrados que, desde una supuesta ideología de izquierdas, pretenden justificar su existencia. No creo que a ningún comunista/socialista de bien le resulte grato visitar ese putiferio podrido de corrupción llamado Cuba. Tanta revolución para acabar igual que con Batista: como destino dorado de los ricachones europeos y americanos y de los pederastas ávidos de carne mulata. Aún queda quien culpa de todo al embargo americano, pero cada vez son más los que entienden el socialismo como una defensa de la libertad, también la individual.
Países así, tipo China o Birmania, se están quedando como museos anticuados donde, esa es la pena, aún vive gente que sufre la bota del dictador. La sed de poder absoluto se puede disfrazar de rojo o de azul, y hasta de verde, pero siempre será igual a sí misma. Una caricatura de lo que puede ser una sociedad. Están surgiendo nuevos candidatos al título de ‘Hitler siglo XXI’ en países como Venezuela, donde a la chita callando va tapando las bocas de los que le contestan a sus bravuconadas de telepredicador-presidente. Cierto es que le elige su pueblo democráticamente y por mayoría, pero el pueblo, como sucedió con Hitler, también a veces se equivoca mayoritariamente. La táctica es parecida en lugares bien distantes. En Venezuela y en Corea del Norte aparece a diario el presidente en las televisiones, inaugurando, dando un discurso o lanzando diatribas contra el enemigo común.
Los dictadores del socialismo o del fascismo son tan evidentes y descarados en sus formas y parafernalias, que resultan patéticos y simplones. Más sutil es sin embargo la dictadura de este otro lado, el mundo libre, como les gusta a los americanos llamarlo. De este lado la dictadura la ejercen las grandes corporaciones, las mismas que en su codicia desmedida han terminado por arruinarnos a todos. De este lado, el de la libertad, la realidad tiene más color, pero también está más hastiada de impactos para que compremos. La dictadura es más sutil y psicológica. Sin darnos cuenta, acabamos eligiendo libremente lo que alguien ha previsto que elijamos. Los bancos son los que, con crisis o sin ella, controlan el cotarro con su crédito discrecional a partidos políticos o empresas. Sus directivos son también personas grises, que casi nunca salen en la prensa, pero que mueven el mundo desde su sillón como si la realidad fuera una partida de ajedrez para ellos.
Cuesta decirle a un norcoreano que esto es mejor, porque de este lado la injusticia también se ceba con el ser humano y la desigualdad económica elimina la posibilidad de la tan cacareada libertad individual (que le hablen de libertad de elegir al que nació en una favela en Río; se partirá de risa). Pero lo que si está claro es que, por lo menos en potencia y ante la ley, todos somos iguales. Así es desde 1879, cuando la revolución francesa y burguesa. Esa igualdad se percibe claramente cuando te encuentras con que a un tal Milosevic le juzgaron por crímenes contra la Humanidad; cuando a un banquero trincón le sientan en el banquillo y le mandan a chirona; cuando se ejecuta una ‘operación malaya’ y los corruptos acaban en la cloaca de cualquier cárcel, que es su medio natural. En España se siente especialmente esa libertad porque muchos tenemos aún en la memoria remota recuerdos de cuando nos trataban como en Corea del Norte, aquellos tiempos del ‘Cuéntame…’ en que un señor bajito nos decía cómo debíamos pensar, estábamos aislados del exterior, la religión mal entendida ejercía de medio de represión social y el Parlamento era una pantomima con aquellos escaños repletos de hombres grises, con bigote y uniforme militar o paramilitar (falangista). Aquella España gris, donde ser “de familia de rojos” podía ser motivo para convertirse en un apestado social, era la que me venía al recuerdo viendo aquellas imágenes de la autárquica Corea del Norte sometida a un semidiós al que llaman ‘Querido líder’

que, después de heredar el poder de su padre, ahora ha designado sucesor en la persona de su propio hijo, Kim Jong-un, consolidando con ello la primera dinastía nacida de una dictadura del proletariado. Seguro que ya están preparando en los siniestros laboratorios de aquel país una nueva variedad de begonia, la ‘kimjongunia’, para él.kim jong il

Piratas de hoy (allá por Puntlandia)


Resulta que aún existen. Han cambiado las alfanjes por fusiles de asalto AK-47, los cañones por lanzagranadas y los turbantes por gorras de béisbol con marca americana. Pero hacen lo mismo que hicieron desde sir Francis Drake hasta el creador de la banca March, el último corsario de los de antes.
“Y si caigo,/ ¿qué es la vida? / Por perdida/ ya la di, /cuando el yugo/ del esclavo,/como un bravo,/sacudí”. Algo así podría dejar escrito alguno de los que asolan estos nuevos mares del siglo XXI, aquellos en los que los gobiernos ribereños son más débiles, allí donde los grandes galeones (portaaviones) no se dejan caer ni por un despiste. Ahora son de nacionalidad malaya, somalí, peruana o coreana, pero su espíritu es el mismo de los que les precedieron en ese viejo y esforzado oficio de asaltar navíos de lujo y saquear riquezas, secuestrar a banqueros y niñas pijas (antes fueron nobles y doncellas) y pedir por ellos el preceptivo rescate so pena de emprenderla a mandobles (tiros) con unos presos (cautivos) que están tan perdidos y amedrentados como lo estuvo aquel Cautivo de Árgel más tarde conocido como El Manco de Lepanto.
“Que es mi barco mi tesoro,/ que es mi dios mi libertad, mi ley la fuerza y el viento/ mi única patria, la mar”. El romanticismo aquel se diluye ante la imagen de los telediarios que muestran el rescate de los prisioneros y posterior caza al pirata con chaleco antibalas y todoterreno que tuvo lugar tras el asalto a un barco de lujo de bandera francesa.
Vistos de lejos seducen (no habrá mujer que no haya soñado con algún libertario de aquellos que no respetaba el lujo de sus vestidos), pero si los vieran de cerca, malolientes, desdentados, cocainómanos y/o simplemente repulsivos, quizás desearían no haber salido nunca de la seguridad de su colegio de pago.
“En las presas / yo divido / lo cogido / por igual; / sólo quiero / por riqueza / la belleza /sin rival”. Así el maletín con los dos millones de euros pasa por la ley universal de la piratería: todos cobrarán por igual porque todos viven perseguidos, todos se juegan la vida, todos habrán de matar al aguerrido enemigo si se presenta en lontananza el bajel (fragata) que saldrá de puerto para darles caza.
Han cambiado la tecnología, pero no el exotismo de los nombres de los territorios en donde perpetran sus saqueos. Nótese que el gobierno de Puntlandia (sic) anunció el lunes pasado la captura de seis de estos forajidos y su inevitable condena a muerte (como en el siglo XVIII, la edad de oro de la piratería, el juicio que debiera haber de por medio ha sido omitido).

Hace unos pocos años que saltó otra noticia por aguas del mar de China. Horas antes de enfrentarse al pelotón de fusilamiento, un grupo de piratas capturado y diligentemente sentenciado por las autoridades del gigante asiático, bebían y bailaban y cantaban la canción aquella de “¡hey! Macarena” ante los absortos ojos de sus guardianes. Era su última noche de una vida vivida en absoluto presente, sin conciencia de los males cometidos, sin hogar ni patria ni bandera que les cobijara. Y murieron (quiero suponer) sonriendo ante los fusiles. Como aún pueden morir los piratas de los que Espronceda dijo: “¡Sentenciado estoy a muerte! / Yo me río /no me abandone la suerte, /y al mismo que me condena, / colgaré de alguna antena, / quizá; en su propio navío”.

De Chávez a Chaves


Algunos datos vinculan a ambos presidentes, uno de una República soberana (Venezuela) y otro de una autonomía veterana (la histórica Andalucía): los dos son rojeras (uno revolucionario-venezolano, otro socialista andaluz); ambos son veteranos en el poder (en esto le gana el andaluz, que lleva nada menos que 18 años en el cargo); y los dos le tienen pillado el gusto al mando (el sudamericano-bolivariano lleva tan sólo . Otros datos les diferencian, como el hecho de que el andaluz esté ya calvorota mientras que el juvenil presidente caribeño luce una cabellera que haría las delicias de cualquier jíbaro de la zona, cosas menores, ya se ve.
Pero en lo que a políticos se refiere, ambos tienen voluntad de modificar tras de su paso el territorio en el que fueron reyes sin nadie que les rechistara. Al andaluz le ha tocado la lotería de esta oposición ridícula que salvo en cuestiones municipales (caso de Granada o Málaga) son más una comparsa del poder al que le hacen el juego (al presidente eterno Chaves) con el discurso simplón/destroyer al que se han abonado, carente de frescura, de propuestas en positivo, como si fuera el propio Rajoy el que le dictara por teléfono las mediocres propuestas nacidas de mentes poco acostumbradas al pensamiento individual, más cercanas a las elucubraciones cuarteleras que con tanto cargo y prebenda se pagan en esos pseudoejércitos de la ideología en que se acaban convirtiendo los partidos políticos de las democracias occidentales.
A Chávez ‘el gorila caribeño’ (y que me perdonen los gorilas por la comparación) le ilumina en sus meditaciones en soledad el mismo Simón Bolívar, libertador glorioso y pésimo administrador como sabrán los que se leyeron ‘El general en su laberinto’ de García Márquez (lo cual no es nada extraño: los libertadores son soñadores, intuitivos, infatigables y luchadores –El Ché, Ghandi, Jesucrito–, hombres de palabra iluminadora que delegan en sus más próximos los detalles de la intendencia que toda campaña de liberación lleva aparejada. Cuando los intendentes que saben de números se meten a iluminados surgen cosas raras como este señor del bigotín y la melenita –Aznar– y mediocres con calzas similares).
Al presidente Chaves (de Sevilla) no se sabe quién le susurra al oído sus grandes ideas rectoras. Puede que no haya nadie ahí detrás, y que sea él solo el que se inventa las propuestas, lo cual sería temible. Con permiso de Gaspar Zarrías (el poder –dicen que verdadero en la sombra–) genialidades como esta de celebrar un Milenio que nadie tenía apuntado en el calendario tiene un tufillo granaíno que no veas, como si algún malafollá de los de por aquí se hubiera despertado una mañana inspirado y literario y se hubiera puesto a inventarse nuevos hitos en la historia del Reino de Granada que ahora conviene (en perfecto cumplimiento de la corrección política) traer a la memoria.
Entre uno y otro Chaves/-z, no me decido por ninguno. Uno es un golpista-chulito con sueños panamericanos; el otro es un poltronas, a quien le gusta tanto el cargo que ha tejido toda una red de sutiles clientelismos político-laborales-socialistas que lleva al personal de su empresa privada (llamada eufemísticamente ‘Andalucía-imparable’) a votarle elección tras elección como quien renueva el contrato. No estaría de más que el de aquí tomara ejemplo de el de allá, y sometiera a referéndum (también) su patente de corso de poderse reelegir de manera indefinida. Por si, por España, por la Humanidad y por la salud de una democracia que, en Venezuela (al menos) ha funcionado para decirle al sátrapa de turno que el poder es del pueblo, pero con el pueblo.

Ventajas de la vida corsaria. Blog de opinión.
Miércoles, 5 de diciembre de 2007